Real o No Real, esa no es la cuestión. La Desrealización.

Artículo (3)

Según la Real Academia Española, la realidad se define como:

  1. Existencia real y efectiva de algo.
  2. Verdad, lo que ocurre verdaderamente.
  3. Lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio.

El olor a café por las mañanas es tan real, como un pensamiento, o como estas palabras. Si por ejemplo, el café fuera dañino… (Aunque quizás pronto la Organización Mundial de la Salud saque algún informe al respecto, como pasó con la carcinogenicidad del consumo de carne roja y de la procesada, el pasado octubre) seguramente no hablaría tan a la ligera de esa bebida estimulante proveniente de Asia y del África subtropical. Con esto, quiero decir, que, hasta que no se demuestre lo contrario, las cosas no son ni buenas ni malas por naturaleza, sino que somos nosotros, los personajes de este mundo, los que tras investigaciones, a veces de dudosa reputación o sin investigaciones, lo cual es mucho más peligroso, los que nos encargamos de etiquetar la mayoría de las veces, a tontas y a locas, tal o cual cosa, como bueno, malo, beneficioso, dañino, etc… y no sólo, comidas, bebidas y demás alimentos, sino cosas, personas y hasta pensamientos, emociones y sensaciones. En ocasiones somos demasiado pretenciosos, sin darnos cuenta de que las etiquetas, no son más que formalidades, calificativos que además se suelen usar peyorativamente.

Mi café, y mis pensamientos, ambos sin etiquetas, por favor, son míos y son reales, porque mi realidad es mía, aunque es cierto que a veces no lo son. Pero no quiero caer en la dificultosa tarea de hablar de algo tan complicado y dual como es la dimensión conceptual de la palabra realidad, ya que es tan abstracto como concreto y eso lleva a tantísimas polémicas de las que no tengo competencias ni intelectuales ni temporales como para acatar. No quiero hablar de eso, en realidad, lo que me gustaría explicar es justo lo contrario, esa sensación de “No Realidad”, la Desrealización, esa alteración en la percepción que a veces ocurre, si bien no a todo el mundo, a una gran mayoría de personas y por las causas más diversas posibles.

El término Desrealización fue aceptado por Mayer-Gross (1935), este síntoma disociativo (experiencia de distanciamiento del ambiente que nos rodea) aparece en muchas enfermedades neurológicas, psiquiátricas y psicológicas, pero no es por sí mismo un trastorno, es decir, se trataría más bien de un síntoma o efecto secundario de algo más, normalmente estrés, privación de sueño o similar. Por lo que, insisto de nuevo, no debería etiquetarse de por ejemplo, psicótico, puede ser perfectamente, y además, así está demostrado que ocurre en la mayoría de los casos de un mecanismo de defensa, de adaptación para tolerar o minimizar el estrés sufrido y/o experiencias disociativas naturales contra un evento traumático (Woldfradt, 1997). A grandes rasgos, se intuye que la propensión a disociar, se crea sobre todo, en casos de infancia traumática, ya que permite a ese/a niño/a separar el Yo y la intolerable realidad (Irwin, 1994a, 1994b, 2000; Lawrence, Edwards, Barraclough, Church y Hetherington, 1995)

“Ver todo como en un sueño”, es de las mejores formas para describir este síntoma de la rama de la ansiedad. Es un estado en donde la persona tiene la impresión de que su vida anímica interna, no es propia pero no es ajena, sería como una impresión negativa, de vacío, de nada.

La Desrealización, por lo tanto es una respuesta emotiva, en diferentes momentos y contextos, que sin poder especificar muy bien el por qué, nos intenta aliviar. Se suele percibir el entorno como desconocido, cambiante aunque sean los mismos muebles que se ven a diario. La gente también es diferente, no parecen las mismas personas que ayer, son “máquinas”, son distintas y aunque en realidad el que sufre este síntoma sea uno/a mismo/a, son los demás los afectados por él.

Resumiendo, este síntoma no es algo extraño o infrecuente en la praxis médica, psiquiátrica o psicológica, sino que es un síntoma más que puede aparecer, lo relevante e interesante, como en cualquier otro síntoma que nos perturbe es reconocerlo y tratarlo y para ello es necesario seguir investigando sobre este campo.

Referencias

Irwin, H. J. (1994a). Childhood trauma and the origins of paranormal belief: A constructive replication. Psychological Reports, 74, 107-111.

Irwin, H. J. (1994b). Paranormal belief and proneness to dissociation. Psychological Reports, 75, 1344-1346.

Irwin, H. J. (2000). Belief in the paranormal and a sense of control over life. European Journal of Parapsychology, 15, 68-78.

Lawrence, T., Edwards, C., Barraclough, N., Church, S. y Hetherington, F. (1995). Modelling childhood causes of paranormal belief and experience: Childhood control and paranormal belief childhood trauma and childhood fantasy. Personality and Individual Differences, 19, 209-215.

Mayer-Gross, W. (1935). On Depersonalisation. Britanish Journal Medical Psychology, 15, 103-22.

Woldfradt, U. (1997). Dissociative experiences, trair anxiety and paranormal beliefs. Personality and Individual Differences, 23, 15-19.

Teresa Cubero González

Psicóloga y alumna de Máster de Psicología General Sanitaria.

Colaboradora de Lmental

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