¿Alguna vez has experimentado un ataque de pánico?

Probablemente. Muchas personas han sufrido algún ataque de pánico a lo largo de su vida, pero pueden no haber sido conscientes de ello, bien porque desconocen “lo que les ha ocurrido”, bien porque este episodio ha sido único y breve y por lo tanto se olvidan del tema.

Por ejemplo, vamos a imaginarnos el siguiente escenario:

“Estás viendo la televisión tranquilamente antes de dormir, descansando después de un día de trabajo tranquilo, como cualquier otro día de la semana. De repente, empiezas a notar que tu corazón late más rápido que de costumbre y que te duele el pecho, y te asustas. También notas como un nudo en la garganta, que no te llega bien el aire a los pulmones, y te cuesta cada vez más respirar. Tienes mucho miedo, y empiezas a temblar y a sudar. Crees que te vas a morir, o que te está dando un infarto, o que te vas a ahogar…”

Esto puede ocurrirte una vez en la vida, dos veces a lo largo de 4 años, una vez cada 5 meses… pero con toda probabilidad lo experimentas como algo terrorífico.

El problema viene cuando una persona experimenta esta “situación” repetidamente, y desconoce qué le está pasando y por qué, llegando incluso a creer que se está volviendo loca o que se va a morir.

Entonces… ¿cómo sabemos que estamos sufriendo un ataque de pánico?

Según el DSM-IV, un ataque de pánico es la aparición temporal y aislada de miedo intenso o de malestar intenso acompañada de 4 o más de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión dentro de los primeros 10 minutos:

  1. Palpitaciones o taquicardia
  2. Sudoración
  3. Temblores o sacudidas
  4. Sensación de ahogo
  5. Sensación de atragantamiento
  6. Opresión o malestar torácico
  7. Náuseas o molestias abdominales
  8. Inestabilidad, mareo o sensación de desmayo
  9. Desrealización o despersonalización
  10. Miedo a volverse loco o descontrolarse
  11. Miedo a morir
  12. Parestesias (hormigueos o entumecimientos)
  13. Escalofríos o sofocaciones

Es decir, un ataque de pánico lo experimentaríamos como una aparición súbita e inesperada de síntomas de miedo o terror, acompañados de una sensación de peligro inminente (de pérdida de control e incluso de muerte) y de un impulso a escapar; y una vez pasado notaríamos una sensación de cansancio extremo o agotamiento físico.

Vale, ya he entendido lo que es… pero, ¿por qué me pasa?

El estímulo desencadenante de un ataque de pánico puede ser interno (un recuerdo, una imagen, una sensación fisiológica…) o externo (una aglomeración de gente, altas temperaturas…).

Cuando estos estímulos son percibidos como amenazantes, provocan aprensión o miedo. Este miedo desencadena una serie de sensaciones corporales normales que constituyen la respuesta fisiológica de ansiedad (aceleración del pulso y la respiración, sudoración…), pero que cuando son interpretadas de modo catastrófico (me está dando un infarto, me voy a ahogar) incrementan aún más la ansiedad, lo que intensifica aún más las sensaciones corporales, que se interpretan como confirmación de los pensamientos catastróficos. Todo esto provoca más miedo, y así sucesivamente, hasta que culmina en la crisis de pánico.

 

Como podemos observar, se trataría de un círculo vicioso provocado ni más ni menos que por NOSOTROS mismos, al interpretar erróneamente estímulos o situaciones que no suponen ningún peligro real como amenazantes.

Y cuando desarrollamos una tendencia a interpretar catastróficamente las sensaciones corporales que nos parecen desagradables pero que, reitero, no son en absoluto peligrosas, aparecen en escena dos procesos que contribuyen a cronificar el problema:

  1. La persona se vuelve una experta en reconocer cambios físicos en su organismo, que son considerados como pruebas de una enfermedad mental o física grave (interpretación negativa y dramática).
  2. Evitación. La persona también incrementa la evitación de ciertas situaciones (algunos lugares, salir de casa, la actividad física…) al sobreestimar la posibilidad de sufrir otro ataque de pánico.

¿Qué puedo hacer para afrontar una crisis de angustia?

Si este problema es persistente, te genera malestar e interfiere significativamente en tu día a día, lo ideal sería acudir a un psicólogo.

Los psicólogos están formados para tratar exitosamente los ataques de pánico, de forma que las personas afectadas sean capaces de reducir o eliminar los síntomas de ansiedad a largo plazo y regresar a su vida normal.

Pero si, por cualquier circunstancia, te resulta imposible acudir a un profesional, aquí dejo una serie de recomendaciones útiles para hacer frente a un ataque de pánico:

  • El primer ataque de pánico suele estar precedido por una situación vital de estrés intenso (problemas laborales, conflictos de pareja o familiares, preocupación por un problema médico personal…), y a partir de este episodio se puede generalizar. Por tanto, es conveniente llevar una vida tranquila en la medida de lo posible.
  • Ten siempre en cuenta que las sensaciones tan desagradables que experimentas son reacciones corporales normales de ansiedad, pero intensificadas.
  • Recuerda que las sensaciones no son perjudiciales ni peligrosas. NO te vas a morir, solo experimentarás ese malestar tan desagradable que sientes.
  • Estar pendiente constantemente de lo que sucede en tu organismo, debido al miedo a experimentar nuevas crisis, te permite detectar cambios corporales mínimos que para otros pasan desapercibidos y, por lo tanto, son inofensivos.
  • Debes tener cuidado con la asociación entre ciertos estímulos y la percepción de peligro. Por ejemplo, que tu corazón lata más rápido no significa que vayas a sufrir un infarto, sino que puede indicar esfuerzo físico.
  • Si te encuentras en una situación que entraña miedo o ansiedad, obviamente tu organismo va a reaccionar de la misma forma que reacciona ante la ansiedad: respiración rápida, tensión, aceleración del pulso… No te preocupes, es algo normal, ya que tu cuerpo se prepara para el peligro.
  • Las crisis de ansiedad no caen del cielo. Recuerda que los únicos responsables somos nosotros, con nuestra actitud hipervigilante y nuestra interpretación dramática de las sensaciones corporales percibidas, que no suponen peligro alguno.
  • Cuando notes que tu corazón se acelera, que te duele el pecho o tiemblas sin control, que el aire parece no llegar a tus pulmones, etc., intenta no hacer nada en especial y trata de distraerte (hacer deporte, leer, escuchar música, hacer un puzzle, contar de tres en tres, recordar alguna situación agradable…).

En definitiva, puedes realizar cualquier truco propio que utilizas normalmente para relajarte o distraerte cuando estás tenso o saturado. Pero sobre todo, sé paciente y no desesperes, que las sensaciones acaban pasando o reduciéndose en poco tiempo.

Georgina Pérez Castro

Alumna en prácticas del Grado de Psicología de la Universidad de Jaén

 BIBLIOGRAFÍA

  • American Psychiatric Association (2002). DSM-IV-TR: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson.
  • Miro, E. (22 de mayo de 2016). Ataque de ansiedad [Mensaje en un blog]. Recuperado de: http://wdb.ugr.es/~emiro/ataque-de-ansiedad/

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